Fotógrafo y artista plástico. Su obra ha marcado buena parte de la historia del arte en Argentina en la segunda mitad del siglo XX. Esta selección de retratos constituye un merecido reconocimiento a su trayectoria.
“Retratos y Textos de artistas”, es una inusual muestra en la que se presentan retratos de reconocidos artistas plásticos de nuestro medio, algunos de los cuales están acompañados por descripciones redactadas por los mismos protagonistas.
Está integrada por 76 —de los 150— retratos de artistas como Seguí, Wells, Kemble, De la Vega, Soldi, entre otros, que forman parte de “la galería personal” de amigos de Makarius, periodo que abarca desde el año 57 al 67.
Las fotos fueron tomadas en los talleres o casas de los personajes elegidos, con luz ambiente. Algunas llevan la impronta de una instantánea. Los textos son relatos íntimos y momentos memorables en la vida de estos creadores.
El proyecto original, que no llegó a concretarse, era la edición de dos libros en los cuales confluían en forma deliberada imágenes, palabra escrita y fotografías y serían prologados por Hugo Parpagnoli y Jorge Romero Brest respectivamente.
A propósito de este último, en una carta que enviara a Makarius el 25 mayo de 1963, el entonces Director del Instituto Di Tella escribe: “Sus fotografías me cautivan mucho, porque Ud. compone mundo con ellas... saca fotos como si pintara cuadros jugando con el espacio... Su libro será sensacional como organismo donde se funden varias artes”.
La colección completa de retratos fue exhibida justamente en el Museo de Arte Moderno en 1967 con el título “El rostro del Artista”, constituyendo uno de los momentos cumbres de su carrera.
Sameer Makarius nació en El Cairo, Egipto, en abril de 1924. Entre 1933 y 1940 estudió en Alemania. A causa de la guerra su padre decide regresar a Egipto, pero fallece tempramente en ese mismo año en Hungría, donde Makarius habría de permanecer con su madre entre 1940 y 1945. Estudia en la Academia Gallé y luego con el maestro Ödön Mórinyi.
Después de la liberación de Budapest tomó contacto con artistas plásticos húngaros de vanguardia. En 1946 expone en la “Primera exposición conjunta de arte abstracto húngaro” en la Academia de Bellas Artes de Budapest y es miembro fundador del Grupo húngaro de arte concreto luego de haber transitado un corto período expresionista-socialista.
A partir de 1945 la fotografía había comenzado a interesarle con tanta fuerza que terminaría por conducirle a dedicarse a ella profesionalmente a partir de 1950.
De Hungría emigró a Egipto donde trabajó como dibujante en una empresa de construcciones hasta llegar a ser maestro mayor de obras y realizar trabajos de arquitectura. En 1952 se casó con su actual esposa, con quien tuvo dos hijos. Luego viajó a París y finalmente, en abril de 1953 arribó a la Argentina donde se radicó de manera definitiva. Ha sido pintor y fotógrafo, además de trabajar como decorador, diseñador industrial y arquitecto.
En 1954 en Galatea presenta “Arte Prehistórico” y en 1955 participa del movimiento Arte Nuevo fundado por Aldo Peregrini y Arden Quin.
En 1956 Makarius es también fundador de los grupos Artistas No Figurativos Argentinos y de Forum, un grupo de fotógrafos que trabaja sobre lo que podría denominarse documentalismo subjetivo, siendo uno de sus objetivos lograr el reconocimiento de la fotografía en los museos.
En 1960 aparece su libro “Buenos Aires y su gente” (Editorial Fabril) y en 1963 “Buenos Aires mi ciudad” (Editorial Eudeba). Este último título se publicó en 67.000 ejemplares.
Makarius tiene el mérito de haber sido el primer fotógrafo en exponer su obra en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, cuando presentó justamente su segundo libro.
En 1981 organiza la gran exposición “Vida Argentina en Fotos”, también en el Museo de Arte Moderno, que constituye un memorable recorrido por la historia de la fotografía argentina desde su llegada al Río de la Plata. Fue también fundador del Centro de Investigaciones sobre la Fotografía Argentina Antigua (CIFAA), además de un ensayista e investigador de notables virtudes.
“Mi éxito en fotografía eclipsó a veces mi trayectoria de pintor. El público no puede entender que ambas artes están vinculados intrínsecamente desde el momento mismo del invento de la fotografía, hace ya más de ciento cincuenta años. Para mi ella era una técnica más para expresarme artísticamente; tan fácil -o difícil- era dibujar o pintar como fotografiar.”
“Traté de captar la realidad del mundo exterior con la fotografía y la de mi mundo interior con la pintura. Pero eso no era un dogma inquebrable. La fotografía es muy capaz de expresar al mundo interior más individual, como la pintura documentar con gran realismo al mundo que nos rodea.”
“La diferencia, para mi, era que la imagen fotográfica está mejor capacitada para documentar al mundo físico real visible, y es más creíble, y que la pintura es mejor para representar y expresar al mundo interior más hondo de nuestros pensamientos y sentimientos”.
“Al margen de mi labor artística no pude obviamente quedarme aislado de la guerra y la vida política.”
“Pertenezco a una familia que de ambos lados –padre y madre- eran socialdemócratas. Todos nuestros amigos eran también socialistas.”
“Asi quedé alejado del nazismo. Al crecer seguí la misma tendencia heredada y como era previsible ingresé en un grupo de estudiantes antifascistas haciendo lo que se llama resistencia al fascismo. Esto era equivalente a arriesgar la vida todo el tiempo. Sobreviví la guerra e ingresé –ahora legalmente- al partido socialdemócrata.
“Quizás hubiera sido mejor haberme quedado más alejado de la política. Me arriesgué la vida innecesariamente pero el entusiasmo y mi juventud me impedían pensar y actuar con mas frialdad y prudencia. Tuve suerte. No todos los de nuestro grupo se salvaron.”
“Con una generación –la mía– engañado por los políticos alcanzaba. Mis hijos no los dejaría caer en lo mismo.”
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