Por Virginia Fabri Curadora de la muestra
Se expone en el Centro Cultural Borges una muestra fotográfica de Steve Mc Curry, autor de la célebre imagen “La niña afgana”, publicada en la tapa de la revista National Geographic en junio de 1985. Está integrada por 120 obras tomadas entre 1980 y la actualidad. Viajero incansable, da un testimonio honesto y profundo de diversas culturas. Tiene el auspicio de la Embajada de los Estados Unidos de América, Epson Argentina y Delta Airlines. Se puede visitar hasta el 31 de Marzo
Un rasgo que sobresale en Steve Mc Curry, uno de los más notables fotógrafos de la actualidad, es su capacidad de registrar en imágenes de gran belleza, aspectos de las distintas culturas que recorre.
Empujado por una curiosidad insaciable que lo lleva a recorrer los lugares más recónditos del mundo, retrata con cámara entre otros temas que se ven en la exposición: los pescadores de Sri Lanka en sus ropas tradicionales, trabajando suspendidos sobre zancos en entornos de gran belleza, o una madre con su niño en Bombay, pidiendo limosna a través de la ventana de un taxi durante el período de los monzones.
Otra fotografía, que ha sido elevada como un ícono, es el bello retrato de Sharbat Gula, la niña afgana cuya imagen fue tomada por Mc Curry en el campo de refugiados de Nasir Bagh en Pakistán. Con sus penetrantes ojos verdes fue portada de la revista National Geographic, y su imagen se transformó en un símbolo de fortaleza.
El tema de las religiones también está presente: puede ser un peregrino orando en la Academia budista de Larung en el Tibet: imagen profunda con una colorida composición llena de belleza, o bien un grupo de hombres orando en una mezquita Islámica-Sufi.
Un aspecto que acompaña la personalidad de Mc Curry se corresponde con la figura del flaneur, ese arquetípico personaje descripto por Charles Baudelaire en el siglo XIX: Transformado en una suerte de cronista de su tiempo, Mc Curry, un flaneur en el siglo XXI, se pierde en las ciudades para experimentarlas nutriéndose de sus temas: la multitud, sus lugares, y esos curiosos personajes que la habitan.
Originalmente, el flaneur de Baudelaire recorría en el siglo XIX la metrópolis parisina en compañía de una tortuga atada a una cuerda para deambular, detenerse o simplemente observar. La tortuga parecía marcarle con el ritmo de sus pasos un tiempo propio. En el caso de McCurry, él no solo recorre las ciudades y sus universos culturales con su cámara, sino que además, parece incorporar la sabiduría ancestral de este animal, que le permite empatizar en forma natural con los ritmos del universo.
Steve Mc Curry, tiene la cualidad de saber esperar. Aguarda el instante donde el fluir constante de la luz baña con su reflejo de colores la escena, dotándola de una extraordinaria belleza. Espera el momento exacto en que el alma de las personas se manifieste para retratarla. Durante horas puede seguir silenciosamente a alguien que le llama la atención, para descubrir luego de retratarla como vive, como piensa, sus costumbres y su historia.
Pero en una instancia superadora de la figura del flaneur, Mc Curry se convierte en mucho más que un espectador: es un hombre moderno. Con un fin más elevado, este incansable viajero parece quedarse allí donde la pasión detenga su mundo. Sin anular lo real, transforma ese mundo en imágenes donde lo bello es más que bello, lo natural es más que natural, y lo singular se distingue aún más en sus diferencias.
Distinguiéndose de un arqueólogo, cuyo trabajo consiste en rastrear restos de civilizaciones desaparecidas, para poder conformar a partir de allí su historia y su identidad, Mc Curry elige en cambio documentar fotográficamente aquellas culturas por las que viaja: lugares y formas que luego podrían transformarse o simplemente desaparecer a causa de las acciones del hombre, su necesidad de adaptarse a los cambios en el tiempo, o simplemente por las fuerza inmanejables de la naturaleza. Con el espíritu de un antropólogo, Mc Curry atraviesa con su lente la esencia de un rostro, las costumbres de un pueblo, sus tradiciones, sus festividades o rituales religiosos, o lo distinto que hay en ellas. Todos estos rasgos conforman la identidad cultural de la que habla Mc Curry, quien imprime en sus obras el sello de lo bello.
Aún sus fotografías tomadas en zonas de conflicto ascienden a esta categoría, como si Steve Mc Curry comprendiera a la perfección que en el ser humano conviven de manera implícita los distintos matices de la bondad y la maldad, y ambos pueden elevarse a la categoría de sublime.
Recorrer la exposición “Culturas” de Steve Mc Curry es, finalmente, invitar al espectador a convertirse él mismo en un flaneur, permitiéndole perderse en estas imágenes para descubrir en ellas al otro, a si mismo.
Una carrera brillante
Nacido en Filadelfia en 1950, Steve Mc Curry alcanzó el punto culminante de su carrera en 1980, cuando se disfrazó con una vestimenta nativa y cruzó la frontera de Pakistán hacia un Afganistán controlado por los rebeldes, poco antes de la invasión soviética.
Fue uno de los primeros reporteros en obtener imágenes de lo que estaba sucediendo en ese territorio. Esta cobertura le valió la Medalla de Oro del premio Robert Capa al mejor reportaje fotográfico desde el exterior, un reconocimiento reservado a los fotógrafos que exhiben un coraje excepcional en el ejercicio de su profesión.
Mc Curry cubrió gran cantidad de áreas de conflicto, incluyendo la guerra Irak-Irán, la desintegración de Yugoslavia, Beirut, Camboya, Filipinas, la Guerra del Golfo, China y realizó una cobertura continua de la situación en Afganistán. Es miembro de la agencia Magnum desde 1986.
Su obra mereció numerosos reconocimientos, entre ellos Fotógrafo de Revista del Año, otorgado por el National Press Photographers Association, y el Oliver Rebbot Memorial Award, que recibió en dos ocasiones. En 1985, sentó precedente al ganar cuatro primeros premios en el concurso anual de World Press Photo.
Mc Curry lleva realizados más de 75 viajes por la India, Nepal y Tíbet, entre otras zonas, donde tomó magníficas imágenes que reflejan la vida, las creencias y las costumbres de esos pueblos. En esos recorridos retrató tanto a los indios celebrando la fiesta de Holi, como a monjes budistas en sus monasterios, entre otros temas.
Mc Curry enfatiza el uso de la fotografía color para capturar la esencia de la lucha humana y la alegría. En la mejor tradición documental, busca y encuentra aquellos retratos inolvidables.
“Si encuentro a la persona o el tema oportuno, en ocasiones regreso una, dos, o hasta media docena de veces, siempre esperando el instante justo. A diferencia del escritor, en mi trabajo, una vez que tengo hechas las maletas, ya no existe otra oportunidad para un nuevo esbozo. O tengo la foto o no”, expresa Mc Curry, y agrega: “esto es lo que guía y obsesiona al fotógrafo profesional, el ahora o nunca. Para mí, los retratos transmiten un deseo de relación humana, un deseo tan fuerte que gente que sabe que no me volverá a ver nunca más se abre a la cámara, esperando que alguien observe al otro lado, alguien que ría o sufra con ella”.
Mc Curry es también miembro directivo de Imagine Asia: una organización que ayuda niños en comunidades rurales de Asia, abordando dos temas que son fundamentales, como la educación y la salud.
Particular relieve adquiere la foto de la niña afgana. Esta imagen constituye uno de los episodios más conmovedores de la fotografía contemporánea. Sharbat Gula fue fotografiada en junio de 1984, cuando tenía 12 años de edad, en el campamento de refugiados Nasir Bagh, en Pakistán. Su expresivo rostro de ojos verdes dio la vuelta al mundo, desde la portada más famosa de la revista.
Mc Curry realizaría luego una búsqueda de la joven que duraría unos 17 años y regresó a la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán poco antes de que el campamento de refugiados fuera cerrado.
Acompañado en su búsqueda por Rahimullah, un periodista paquistaní, sólo obtenía falsas pistas, mujeres con un sorprendente parecido físico, rumores de que falleció a los trece años durante el parto de su primer hijo… Desalentado regresó a Estados Unidos, mientras Rahimullah continuó con la búsqueda.
Por fin encontró a un hombre que aseguró ser el hermano de la muchacha de la foto y, luego de no pocos esfuerzos obtuvieron el permiso del marido y de sus tres hermanos para verla, pero con el rostro oculto tras un velo.
Tras la autenticación de su iris y las investigaciones del FBI, se confirmó que se trataba de la misma persona y Steve se trasladó inmediatamente a Pakistán donde se produjo el reencuentro. Las nuevas imágenes de Sharbat mostraban el cambio causado por el paso del tiempo y, sobre todo, por las precarias condiciones en que había vivido todos esos años como refugiada. La historia fue contada en la edición de marzo de 2003 de la revista National Geographic.
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