Por A. Becquer Casaballe
Las fotografías en blanco y negro sobre película se recuperan para su impresión en dispositivos digitales mediante el proceso híbrido, que consiste en digitalizarlas. Con el nuevo formato se abre un abanico notable de posibilidades. Aquí, damos a conocer nuestras experiencias en un terreno que no es tan nuevo.
Hasta no hace mucho veía casi abandonadas mis carpetas con las tiras de negativos de 35 mm que guardan más de treinta años de fotografías. Hay muchas imágenes olvidadas y otras tan presentes como si las hubiera realizado ayer.
Una solución para acceder a ese material es, sin dudas, su digitalización y, como es una actividad nueva para mí, la primera fase fue leer los artículos escritos por quienes conocen del tema, incluyendo los dossier de los fabricantes de equipos de digitalización, además de preguntarle a colegas que ya han pasado por lo mismo, con la idea de capitalizar esas experiencias.

La segunda fue aplicar esos conocimientos, digitalizando negativos “testigo” (con ciertas características como sub y sobrexposición, de diferentes densidad máxima, tonos bajos y altos), además de elegir algunos de los cuales ya tenía impresiones de buena calidad en 30 x 40 cm.
Finalmente, envié los archivos a imprimir en dos laboratorios profesionales, porque entiendo que las fotografías adquieren su verdadera dimensión cuando se las lleva al papel, además de comparar los resultados que se obtienen en distintos equipos y con las copias realizadas de manera tradicional.
Por su precio, dejé a un lado la posibilidad de un escáner de tambor, como los que se emplean en la industria gráfica, que tienen una alta velocidad de escaneo sumado a una calidad superior para impresos como libros de arte.
Por su parte, los de lecho plano están concebidos para la digitalización de opacos, pero hay varios modelos que disponen de una tapa especial y de accesorios para transparencias y tiras de negativos con lo que se logra una buena calidad.
De todas maneras, para aplicaciones profesionales de mayor exigencia se recomiendan los escáneres específicos para transparencias, que pueden ser para formato APS y 35 mm, o hasta negativos de formato medio en 6x9 cm.
En cuanto a la tecnología de digitalización, existen los que emplean una lámpara fluorescente con cátodo frío de xenón y los de iluminación por Led. En todos el sensor es de tipo CCD.
Un aspecto importante es el Rango Dinámico, que se refiere a la diferencia entre la Densidad Máxima (Dmax) y la Densidad Mínima (Dmin) que es capaz de registrar. En general, los escáneres de transparencias superan el valor de 4, que es suficiente para la mayoría de las aplicaciones. Únicamente películas como la Fuji Velvia o la Kodachrome alcanzan ese valor, mientras que las blanco y negro y el negativo color ronda los 2.
Aquí es donde “cada maestro con su librito”, ya que en la investigación que hice recibí variadas respuestas y sugerencias, algunas muy acertadas y otras que sólo conducían a generar innecesariamente archivos de 120 Mb cuando, en realidad, con 40 Mb obtenemos idéntica calidad.
Tipo de Archivo. Debe ser tiff sin compresión, que junto al dng o al formato nativo de Photoshop, el psd, conservan inalterada la calidad de la imagen. Los archivos jpeg/jpg se los debe usar para aplicaciones transitorias, pero no para un archivo original (ver Fotomundo 427, “Perdidos en la Jungla de los archivos”, por Mariano Molinari, pág. 66). Además, el jpg soporta hasta 8 bits por píxel, lo que es una severa limitación.
Resolución. Se expresa en píxeles por pulgada (o píxel per inch), es decir ppi (no dpi). Se suele elegir en función de la finalidad de la imagen: páginas Web, diarios, revistas, etc. Como en nuestro caso lo que buscamos es generar documentos para ser archivados, debemos aplicar la máxima resolución óptica en escala 1:1 de reproducción.
Para un negativo de 24 x 36 mm a 4.000 ppi se genera una imagen de 3.780 x 5.669 píxeles que, llevada a 300 ppi permite realizar impresiones de 32 x 48 cm y en 200 ppi de 48 x 72 cm. Mediante interpolación se alcanzan mayores grados de ampliación, pero esto eventualmente se realiza en la postproducción.
Profundidad Tonal. Se refiere a la cantidad de bits por píxel. El ojo humano percibe una imagen en tono continuo en una escala de 256 tonos de gris, la que se logra con píxeles de 8 bits: éste es el valor mínimo para una imagen monocromática, debiéndose multiplicar por tres si es en color, ya que se necesitan 8 bits por cada color primario. Sin embargo, se sugiere digitalizar las imágenes 12, 14 o 16 bits por píxel, ya que eso se traduce en una mayor precisión de los tonos, sin que se pierda información cuando la imagen es manipulada en el Photoshop. Luego, para enviarla a imprimir, se la puede bajar a 8 bits, que es lo máximo que soportan los sistemas de impresión.
Contraste. Es el equivalente a la Curva Característica de la película, pudiendo ser ajustado de manera manual o automática. Dependerá de la Dmax y de la distribución de tonalidades en la escena, pudiéndose ajustar luego de hacer el “pre- escaneo” (preview) o posteriormente en el Photoshop.
Otros ajustes: para blanco y negro son innecesarios, ya que se refieren a modos que permiten restituir los colores, variar el contraste, etc. Lo importante es obtener una imagen en bruto con toda la información del negativo original, la cual podremos ajustar posteriormente y en forma más exacta con un programa de edición y retoque.
Pero si hay que armarse de paciencia para retocar con el tapón de clonar del Photoshop los puntos, rayas y otras imperfecciones del negativo, que aparecen por más que al negativo se le haya pasado un pincel y sopleteado. Están ahí, para martirizarnos con su presencia pero, en compensación, pensemos que es mucho más fácil que hacerlo con tinta y pincel sobre una impresión en papel, además de que se realiza una sola vez y no ante cada copia.
Lo que no sirve es recurrir al Digital ICE (Image Correction & Enhancement), el software de retoque, ya que no funciona con negativos blanco y negro tal como lo explicamos en un recuadro aparte.
La mayoría de los colegas nos sugirieron ajustar los parámetros de lectura del negativo en Película Negativa (Negative Film) y la salida en el modo RGB (Color en tricromía) a 14 bits porque sostienen que de esa manera se obtiene “más información”. ¡Se genera un archivo de 123 Mb! Luego, la imagen debe convertirse a Escala de Grises.



Nosotros, de todas maneras, experimentamos en las diferentes opciones: Negativo Color /Escala de Grises 14 bits (archivo de 41 Mb); Negativo Mono / RGB 15 bits (archivo de 123 Mb); Negativo Mono /Escala de Grises 14 bits (archivo de 41 Mb) y Negativo Mono / Escala de grises 8 bits (20,5 Mb).
Luego, recorté la imagen para obtener un tamaño de copia de aproximadamente 20 x 25 cm y mandé hacer las impresiones a un laboratorio profesional: no hubo absolutamente ninguna diferencia en las impresiones, la resolución, escala tonal y densidad fueron exactamente las mismas. Es decir, entre las copias cuyo original pesa 123 Mb y la de 20 Mb no existió diferencia.





¿Por qué es así? En el sistema RGB, a partir de un original monocromo, lo que se obtienen son tres imágenes idénticas en cada uno de los canales Rojo, Verde y Azul. No es que haya más información, profundidad tonal o lo que fuese, simplemente tenemos una misma imagen triplicada que sólo incrementa el peso del archivo sin aportar más calidad en ningún sentido.
Ahora bien, si todas las impresiones tienen la misma calidad ¿por qué no generar archivos a 8 bits en lugar de 14 o 16? Por las razones anotadas anteriormente, ya que cuando se hacen ajustes en el Photoshop se produce una degradación sutil de la imagen que puede afectar la calidad de la impresión. Esto se observa, por ejemplo, en los Niveles, que pierden su continuidad y presentan un aspecto de “serrucho”.
Por último, aunque se trabaje en blanco y negro el monitor debe estar perfectamente calibrado, ya que es la única manera de apreciar la gama de grises de manera realista, tal como se verá en las impresiones.
Digital ICE (Image Correction & Enhancement) es un sistema desarrollado por Applied Science Fiction, una compañía basada en los Estados Unidos, que permite realizar operaciones de retoque de las imágenes de manera automática.
Sin embargo, en los manuales de los equipos que lo emplean se dice: “El Digital ICE es compatible tanto con la película de color y película monocromo con procesado color, pero no se recomienda para su uso con películas blanco y negro”. En realidad no es posible usarlo ya que el resultado es el de la foto. Veamos las razones.
El escáner se basa en la exploración de tres leds RGB sobre la película, siguiendo un protocolo que le permite registrar en los respectivos canales cada una de las capas de imagen. Para detectar las motas de polvo y los arañazos emplea un cuarto rayo de luz Infrarrojo, basándose en el principio de que la película y las tintas que forman la imagen son transparentes al IR, pero el polvo y los arañazos son opacos, por lo que todo aquello que no deja pasar el IR el software lo interpreta como un defecto.
El software lo que hace entonces es “emparchar” con los pixeles que le rodean el lugar que aparece como opaco.

En las películas color negativas y diapositivas, y en las blanco y negro con revelado cromógeno (Proceso C41), la imagen de plata que se forma con el revelado es sustituida en el proceso por los colorantes, pero en las películas blanco y negro la imagen está formada por los filamentos de plata metálica, que son totalmente opacos. El software, entonces, se confunde, y trata de “emparchar” todas las zonas, por lo que resulta una masa negra con algunos detalles.
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