La tecnología digital ha ido desplazando a muchos de los sistemas analógicos, ya sea para emularlos —es decir, realizar la misma función con diferente tecnología—, para crear nuevas aplicaciones o para facilitar otras. Aquí analizamos qué debemos tener en cuenta para elegir un proyector digital.
|
La proyección de imágenes es anterior a la propia fotografía, ya que se inicia con la “linterna mágica” inventada en siglo XVII por el jesuita alemán Athanasius Kircher con la que se proyectaban dibujos coloreados realizados sobre soporte de vidrio. La ampliadora fotográfica es una adaptación de la linterna mágica, que luego evolucionó hacia el proyector de transparencias y el de cine. Todos son sistemas ópticos en un soporte mecánico. ![]() |
Con el nacimiento del video, donde la imagen electrónica es grabada en un soporte magnético, la visualización quedaba limitada al televisor, lo cual era por cierto un impedimento para realizar proyecciones ante grupos numerosos de personas.
Fue entonces que se desarrollaron los llamados “cañones”, que consisten en un sistema que emplea la misma tecnología de tubo de rayos catódicos (CRT) de los televisores y monitores.
Los primeros proyectores de este tipo, lo mismo que las primeras fotos e impresiones digitales, dejaban mucho que desear. Las imágenes eran indefinidas y presentaban una insoportable aberración cromática, con bordes remarcados por líneas azuladas. Además, los “cañones” eran voluminosos, pesados y de gran consumo.
En pocos años, todo esto ha cambiado. De aquellos primeros “cañones de proyección” que fueron desarrollados para permitir la proyección de una señal de video sobre una pantalla, se evolucionó a los actuales proyectores para imágenes fijas o de video en formato digitales, que son los proyectores multimedia.
Si se parte de un archivo bien realizado, la calidad de la proyección es muy elevada, satisfaciendo casi todos los requerimientos.
A las imágenes generadas o preparadas para ser proyectadas se les dice diapositivas, aunque en rigor no lo sean, puesto que son archivos digitales que en este caso funcionan como tales.

El archivo JPEG es el más adecuado, siendo suficiente una resolución de 100 ppi. Mayor resolución no se justifica ya que lo único que se logra es que ocupe más espacio de memoria porque la calidad depende del proyector. Téngase presente que la máxima calidad de imagen es la llamada “nativa” del equipo.
Las resoluciones de pantalla son las siguientes: SVGA (800 x 600 píxeles), XGA (1024 x 768 píxeles), 720p (1280 x 720 píxeles) WXGA (1280 x 800) y 1080p (1920 x 1080 píxeles).
Así que el tamaño del archivo dependerá del tipo de proyector pero lo ideal, para que las imágenes resulten adecuadas para cualquier tipo, es ajustarlas a 1.920 x 1.080 píxeles con una resolución de 100 a 150 ppi.
Algunos proyectores admiten las imágenes desde la tarjeta de memoria o de la cámara, pero para lograr una presentación con un mejor nivel, más dinámica y con mayores recursos visuales, el procesado de las mismas mediante un software de proyección es lo más recomendable, via PC.
El Microsoft Power Point es el más difundido y fácil de usar de esos programas, ya que ofrece muy variados recursos gracias a sus herramientas de edición y de puesta en página (en este caso, de pantalla). En cambio, si se desea algo más sencillo y directo, se puede utilzar ACDSee, Nero Photosnap Viewer u otros visionadores de imágenes.
La conjunción de archivo JPEG y de software de armado de una proyección son las herramientas básicas para generar un espectáculo o presentación multimedia, que se puede mirar en la computadora, en un televisor o proyectarse en una sala.
Se trata del “hardware”, el “fierro” que le da existencia a la proyección digital. La variedad de equipos que existen en el mercado es muy amplia, comenzando por los modelos más sencillos de uso hogareño hasta los más “pesados”, para presentaciones profesionales en espacios amplios.

Existen diversas tecnologías de proyección, siendo la más antigua —y obsoleta en muchos aspectos— la de tubo de rayos catódicos (CRT). De este tipo de proyector hay variantes: la que emplea tres tubos, uno para cada color primario (rojo, verde y azul), con sus correspondientes objetivos ajustados para superponer las imágenes en la proyección, generándose el color por síntesis aditiva, y la de un tubo con juego de filtros RGB montados en un disco.
Actualmente, la tecnología más difundida es el proyector LCD de 3 chips (uno para cada color primario), que genera imágenes de colores bien saturados. La primera generación de este tipo de proyector producía imágenes pixeladas, algo que ha sido eliminado en los diseños actuales.
Otra tecnología es la denominada genéricamente Digital Light Processing (Procesado Digital de la Luz) o DLP, basada en una serie de espejos microscópicos, uno por pixel, que puede emplear un solo chip DMD (Digital Micromirror Device, Dispositivo Digital de Microespejo) o tres chips, que conforman una matriz de píxeles para crear la imagen. Los equipos con esta última variante generan imágenes de alta calidad con colores brillantes y saturados.

Por último, están los proyectores 3D que requieren de una pantalla especial de proyección.
Una categoría aparte son los miniproyectores, del tamaño de un teléfono celular, que llegan a proyectar una imagen de 1,5 m de diámetro y que disponen de entrada USB para iPod, PC, cámaras de video, foto, o un teléfono celular. Emplean como fuente de luz un poderoso Led siendo la resolución de 854 x 480 pixeles.
Pues bien, ¿Qué es lo que debemos saber respecto al proyector? Los factores importantes son la potencia de la luz (medida en lúmenes), el factor de ampliación, el contraste, la corrección óptica, y las posibilidades de conexión así como la potencia de salida del audio.
Potencia. Para uso hogareño o en presentaciones que se realizan en una oficina que permite ser oscurecida, es suficiente con equipos de 1.500 a 2.500 lúmenes. En cambio, para ambientes en la penumbra o para proyecciones a mayor distancia, se requiere entre 2.500 y 4.000 lúmenes.
En pequeños teatros o salas de conferencia medianas, se impone el uso de los proyectores más potentes debido a que a medida que se incrementra la distancia entre el proyector y la pantalla, el brillo de la imagen se reduce. Por el contrario, en otros casos se necesita que la distancia mínima de proyección deba ser muy corta cubriendo un área mayor de proyección.

Por lo tanto, el primer aspecto que se tiene que considerar es la distancia de proyección, el tamaño de la pantalla y las condiciones de iluminación de la sala.
Condiciones ambientales. Como en todo sistema optrónico, una cuestión importante es conocer el ambiente donde el equipo va a ser instalado o tendrá que funcionar habitualmente.
En lugares con gran circulación de personas o que se genera gran movimiento alrededor del equipo, se requiere que posea una efectiva estanqueneidad para evitar el ingreso de polvo y de otros factores perjudiciales, como puede ser humedad.
También debemos distinguir entre equipos destinados a funcionar de manera permanente en una sala, para lo cual se los coloca en un soporte que suele estar suspendido del techo, y los portátiles, de diseño compacto y liviano, así como los de instalación semipermanente, que deben poseer un sistema de anclaje de seguridad para encadenarlo a un mueble, por ejemplo.

Es importante destacar que si el equipo va fijo, la instalación debe ser confiada a un especialista puesto que también implica el tendido de cables de alimentación y conexiones de audio e imagen.
Además de la resolución, brillo (potencia) y robustez, hay otros factores que deben ser tenidos en cuenta.
Cuando las proyecciones se basan en fotografías de alta calidad (y esto es de particular importancia en eventos culturales o comerciales relacionados directamente con la prografía), es importante que la relación de contraste sea elevada. Puede variar de 1:500 en los proyectores más sencillos de uso hogareño a 1:1000 en los equipos profesionales.
En esa misma direccion se ubica la profundidad en bits. Para la mayoría de las aplicaciones, el estandar de 8 bits por color es suficiente pero si se requieren transiciones más suaves de color, los equipos de 12 bits son superiores.
Por último, el tamaño de la imagen proyectada y la distancia de proyección son los otros factores importantes, que dependen naturalmente del lugar donde el equipo va a ser utilizado, que puede ser desde una oficina o el hogar hasta salas de reuniones, aula o un teatro.

Debido a que en algunas oportunidades el proyector sólo admite ser instalado de tal manera que el eje óptico de la proyección no queda perpendicular al plano de proyección, e incluso algunas veces se lo debe colocar de manera asimétrica, hay modelos que tienen la posibilidad de corregir el “trapecio” o deformación de la imagen, la cual se ensancha o achica hacia un extremo en sentido vertical u horizontal. Esa corrección se mide en grados vertical y horizontal con signos +/-.
Otras de las posibilidades es trabajar sin computadora, conectividad con dispositivos USB, proyección Widescreen (WXGA nativo de 1280 X 800) para pantalla de 16:9 y conectividad Wireless (sin cables, especialmente interesante en equipos portátiles, ya que evita la instalación del cablerío). Por último, el nivel de ruido de funcionamiento del equipo debería estar por debajo de los 38 dB, para que no interfiera en la presentación.
Constituye todo un capítulo aparte siendo, además, el único componente del equipo que tiene una vida limitada al extremo que los fabricantes suelen diferenciar en la garantía su tiempo de cobertura, que suele ser de alrededor de tres meses.
Por ello es de gran interés poder prolongar su vida útil, lo cual se logra a través de una serie de precauciones.
• El proyector no debe ser desconectado de la red eléctrica inmediatamente después de ser apagado, sino que hay que esperar que los ventiladores dejen de funcionar.
• Para transportarlo conviene esperar que los componentes ópticos alcancen la temperatura ambiente, lo cual puede insumir alrededor de 30 minutos. Se lo debe mover con cuidado, evitando que reciba golpes o que esté sometido a vibraciones.
• La humedad, el polvo e incluso el aire con humo de tabaco, pueden contaminar los elementos ópticos, que se traduce en una degradación de la imagen.
• La tapa cubreobjetivo debe ser retirada antes de encenderlo.
• El proyector debe funcionar en ambientes climatizados con una temperatura que no supere los 35º C y la alimentación eléctrica debe ser estable, entre 100 y 240 V sin que sufra ningún pico de tensión, ya sea positivo o negativo. Es recomendable conectarlo a través de un estabilizador de electricidad, un protector de sobretensión o un sistema de alimentación sin interrupciones (UPS).
• La lámpara no debe ser tocada con los dedos y, en el caso de que se rompa, de inmediato se debe ventilar el local ya que en su interior contiene mercurio.
• Muchos proyectores tienen un modo de funcionamiento económico, que reduce el consumo eléctrico alrededor de un 20%. Esto supone una reducción del brillo, pero trate de usarlo si las condiciones de lugar se lo permiten.
Una lámpara casi agotada, en el límite de su vida útil, puede dejar de encenderse, producir una imagen de poca nitidez, parpadear o presentarse inestable. Ha llegado el momento de cambiarla. Según el modelo y fabricante, la vida últil de las lámparas es entre 3.000 y 4.000 horas, así que hay que ser prudente y no dejarla encendida proyectando una imagen como si fuera un banner…
¡Cuanta agua ha pasado debajo de los puentes desde los antiguos y nobles proyectores de diapositivas, que dieron lugar a los espectáculos audiovisuales!
Maipú 671, 5º piso (1006)
Buenos Aires, Argentina
teléfonos: 4 322-2171 / 2006
fax: 4 322-2006