Silvia Mangialardi
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Muchos autores piensan que si revelan cómo realizan sus obras, éstas perderían parte de su atractivo. Otros, como Pablo Soria en la edición anterior o Arturo Aguiar en este reportaje, creen en compartir el proceso.
Este reconocido artista argentino cuenta, paso a paso, cómo va construyendo su obra, desde la idea hasta la impresión final.

¿Cómo surgió la idea de tu trabajo?

Yo estudiaba Física, y siempre me interesó el tema de la representación del espacio-tiempo. Me la pasaba inventando teorías hasta que leí un artículo de Umberto Eco donde decía que él creía en el propio saber y que por eso siempre firmaba sus notas y novelas con su nombre y no con el grado académico que tenía.

Entonces me dije “esto es lo que necesito, construir mi propio saber, me dedico al arte”. En el ´99 dejé la Física y empecé a pintar, a hacer lámparas, algunos objetos. Y en la segunda parte de ese año empecé un curso de fotografía con Alberto Goldenstein en el (Centro Cultural) Rojas. Nunca había hecho fotografía, ni en las vacaciones, no me gustaba, pero me pareció que no podía pasar por alto la fotografía y que tenía que hacer un curso como cultura general.

El curso era una especie de clínica y el último trabajo fue hacer autorretratos. En ese momento se me ocurrió la idea de pintar con luz, que consistía en iluminar las superficies no con una luz plana como la de un flash, sino de manera tangencial, con colores, y ver qué pasaba con eso. Hice una serie de autorretratos, se los mostré a Alberto y le dije “quiero ser artista”. Y él me dijo “bueno, te ofrezco hacer una muestra”

Etant-donnesMarcel Duchamps, “Étant Donnés”.

Cambiaste de herramienta pero venías haciendo un proceso creativo.

Por eso te mencionaba lo de la representación espacio-temporal. Cuando se me ocurrió pintar con luz tenía que ver con alterar el registro real o documental de la fotografía, llevarlo a otro lugar, más pictórico, más incierto. Y todas las selecciones técnicas que fui haciendo tenían que ver con eso, con desplazar la fotografía de ese registro de lo real.

Pasaron años y tus obras siguen teniendo una iluminación muy particular. Uno ve una obra y sabe que es tuya.

Buenísimo. Yo trabajo fundamentalmente con la luz. Cuando hago una foto, en general oscurezco todo, o dejo alguna penumbra si me interesa un registro del entorno. Después, ilumino con linternas o con aparatos de iluminación que construyo, para que en la fotografía aparezca un gesto humano. Usar una luz que ya no tiene una trayectoria rectilínea, sino que está modificada por el paso de la mano. Eso coloca a la fotografía en un lugar más subjetivo.

En algunas imágenes parece que está muy elegido el lugar por donde va a pasar la luz y, en otras, parece un proceso más aleatorio.

Tiene que ver con la evolución temporal del trabajo. Hace 10 años que lo hago y, en la medida que lo fui haciendo, fui viendo cuales eran los efectos de mis acciones y las fui modificando de acuerdo a lo que quería que sucediera.

Al principio, el paso de la linterna era bastante azaroso y bastante presente, se ve claramente. En mis últimos trabajos prácticamente no se ve, sin embargo está presente porque hay un juego de luces y de sombras que es imposible conseguir de otra manera. No se puede hacer por computadora, no se puede hacer con un sistema de flashes. Hay que trabajar en la oscuridad eligiendo muy bien qué iluminar.

¿Ahora elegís más que antes dónde poner la luz?

Siempre elegí, lo que pasa es que ahora tengo más práctica. La práctica y las técnicas no están desvinculadas de una idea: toda técnica y toda práctica es reflejo de una idea. Hay que tener presente que con cualquier herramienta se puede hacer cualquier cosa. Con un martillo puedo hacer el David o partirle la cabeza a alguien. Y el martillo es el martillo, es inocente. Todo tiene que ver con lo que se elije hacer. La teoría precede a los hechos.

Entonces, ahora estoy eligiendo que el efecto sea más sutil y que el trazo de la linterna no esté tan presente más allá de la luz y la sombra.

En contraposición con la fotografía de la biblioteca o el retrato de Graciela Taquini, donde se nota mucho más la linterna.

El retrato de Graciela Taquini fue otro momento, donde había otras fuentes de luz además de la linterna. Usaba las luces de su casa, el paisaje....

Siempre-es-otro-el-quSiempre es otro el que muere. Fotografía color. Toma directa de acción. 2009, 180 x 120 Cm.

¿Depende de cada imagen?

Si. En particular depende de cada imagen. Haciendo una foto me puedo equivocar, pero si ese error me gusta lo rescato. Finalmente lo que manda es la foto.

¿Me contarías cómo es el proceso completo de una de tus imágenes?

Eso depende de cada imagen y de la época en que fue producida. Al principio de mi proceso trabajaba solo, me iluminaba a mi mismo, también usaba fondos que producían una iluminación bastante orgánica, bastante extraña y no me interesaba nada del mundo real, solamente probar esta técnica y ver qué pasaba, como en los autorretratos.

Después empecé a salir de mi casa y a retratar gente. Más tarde empecé a trabajar en espacios sin personas. En ese momento el trabajo consistía en estar en un lugar que me interesaba, oscurecer la escena y hacer este proceso lumínico de pintar con luz.

¿Trabajabas con película?

Si, siempre trabajé y trabajo con película. Revelaba, elegía y después copiaba, todo proceso analógico.

Después pasó algo que tiene que ver con el signo de los tiempos. Yo trabajo con una película, que es la que mejor resultado me dio, pero ya no se produce más. Debo tener 100 rollos, muy vencidos y el tema es que a medida que el tiempo va pasando la exposición de la película es cada vez más difícil. Disminuye su rango dinámico, que es lo que las películas registran de luz y de oscuridad. Iluminás un poquito de más, se quema y si lo hacés de menos queda oscuro.

Esto hizo que se me hiciera cada vez más difícil trabajar con película porque empezaba a responder de formas más caprichosas. En un momento estaba haciendo muchas fotos y veía que el resultado en la copia no era lo que yo esperaba. Entonces, si el negativo me interesaba y veía que le faltaba densidad, luz, color o lo que fuera, lo empecé a digitalizar y procesarlos para acercarlos a lo que me gustaba.

¿Qué vas a hacer cuando se te acaben los 100 rollos que te quedan?

No se todavía, probablemente me compre una buena cámara digital. Porque en definitiva el medio con el cual llegás a un fin, no es tan importante, por lo menos con el arte. Este trabajo tiene una parte insoslayable, que es la iluminación, después no importa si el soporte es digital o es analógico.

¿Vemos un ejemplo?

Veamos la obra con la que gané el premio Petrobrás. Ese trabajo me llevó más o menos un año.

Hace mucho tiempo en una conferencia, Valeria González hablo de la obra póstuma de Marcel Duchamps y del epitafio de su tumba. Esa idea me quedó boyando en la cabeza hasta que decidí citar “Étant Donnés” porque me parecía que tenía que ver con mi trabajo: lo negro, lo oculto, lo oscuro. Usé el contorno negro de esa obra y sustituí la silueta y el paisaje por una lápida donde estuviera escrito su epitafio: “D’ailleurs c’est toujours les autres qui meurent.” (“Por lo demás, los que mueren son siempre los demás”). 

La primera parte fue imaginar cómo debía ser la instalación. Armé la puesta en el living de mi casa. Hice como una construcción en perspectiva, recorté el perímetro negro de una foto de la obra de Duchamp y lo puse delante de la cámara.

Como no encontré por ningún lado la lápida de Duchamp, usé de modelo la de Borges, que me gustaba porque tiene algo de carcomida por el tiempo.

¿Construiste la lápida?

Si, fue casi como hacer una escultura. La hice con telgopor, le puse una pátina de yeso, la ensucie con tierra y la marqué para simular el paso del tiempo. Mandé a calar con láser el texto (“D’ailleurs c’est toujours les autres qui meurent) en una plantilla de fibrofácil, como si fuera un stencil. Al pasarle la pintura el telgopor se carcome un poco y da una sensación de profundidad.

Use todas las plantas de mi casa, compré más, incluso flores artificiales. En la obra de Duchamp hay unos ladrillos, entonces los sustituí por unos adoquines, que los puse adecuadamente en perspectiva para que calzaran en la imagen. También tenía el problema del cielo. Y en ese punto retorné a mis viejos autorretratos, donde trabajaba con luces proyectadas en la pared blanca que hacían una especie de fondo. Una luz muy filtrada de color, que está prendida todo el tiempo que dura la toma, lo que satura de color la imagen y, bueno, así hice el cielo.

Tuve la instalación armada por tres semanas, hice un montón de fotos y ninguna llegaba a ser exactamente lo que quería. De una foto me gustaba una parte y de otras fotos otras partes.

Entonces compuse la obra final con distintos pedazos de las diferentes tomas.

Después vino probar en qué papel imprimir, si me gustaba más mate, brillo, metálico…ver las copias y qué tipo de ajuste había que hacer.

Una vez que la foto estuvo lista, seguí trabajando con todas las tomas que hice y realice una animación. Me gustó mucho ese proceso, seguramente seguiré haciendo animaciones en el futuro.

¿Podés vivir de tu obra?

El mayor ingreso tiene que ver con la fotografía, lo mismo que el mayor egreso. Además, doy clases de matemática en la UBA y entre las dos cosas logro vivir.

Con fotografía digo venta de obra, premios y algunos trabajos que surgen.

Para esos trabajos ¿ponés alguna condición? ¿Hacés foto publicitaria?

Trato de experimentar con todo. Igual, los trabajos que hice como fotógrafo con o sin mi técnica los puedo contar con los dedos. El año pasado hice algunas fotos de modas, editoriales, para revistas y el calendario 2012 para Petrobras.

¿Qué es la parte que más te gusta de la fotografía?

Me gustan todas las partes del proceso, pero el momento preciso de iluminar me gusta mucho. Se apodera de mí una pasión que no puedo explicar.

¿Algún mensaje para los lectores?

Que cuando hacen un trabajo estén atentos a lo que les gusta y que experimenten.

¿Querés agregar algo más?

Si, que siempre trato de enriquecer y complejizar mi trabajo, y que aunque algunas cosas se mantienen, como el proceso con la luz, hay muchas otras cosas que van cambiando.

www.arturoaguiar.com

Sobre el autor 

Nació en San Juan en 1963 y realizó estudios de Ciencias Físicas en la Universidad de Buenos Aires, los cuales dejó para dedicarse primero a la pintura y más tarde a la fotografía. Realizó su primera muestra individual en el 2000 y, a partir de entonces, ha expuesto en Francia, España. Portugal, México, Estados Unidos, Costa Rica, Colombia, Bélgica y Alemania.

Sus fotografías integran colecciones institucionales y privadas. Ha participado en concursos y salones, habiendo cosechado importantes premios, entre los cuales se destacan: Primer premio adquisición Petrobrás (2009), Bienal de Fotografía Galería Arte x Arte, Premio Platt-Isidro Miranda (2008); XI Premio Fundación Klemm, Mención Especial; Premio Argentino de Artes Visuales de la Fundación OSDE, tercer premio, entre muchos otros.

Pintar con Luz

La técnica de pintar con luz (lightpainting) reconoce sus antecedentes en las experiencias de la Bauhaus y tiene en la posterior obra “Space Writing” (Escritura espacial) realizada por Man Ray en 1935 su más lejano antecedente. Luego la siguieron usando Picasso, Gjon Miller y muchos otros talentosos artistas. Con diversas variantes, constituye una técnica creativa que permite explorar el espacio visual de manera original e irrepetible. El artista argentino Arturo Aguiar ha logrado con ella un gran reconocimiento, tanto través de exposiciones como de los premios obtenidos, que lo colocan entre uno de los más celebrados de la actualidad.

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