Adriana Bianco
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thumbHemos visto en las Vanguardias, en Europa, reflexionar sobre el tema a artistas e intelectuales. La Bauhaus exploró diversas posibilidades, en el Surrealismo, André Breton utilizó varios procedimiento en su novela Nadia; Many Ray experimentó con textos y fotos y algo similar intentó Salvador Dali. La lista es larga e interesante.

En Latinoamérica, no escapamos de ese interés entre la literatura y la fotografía. Hace poco revisé algunos escritos de Rubén Darío donde planteaba el tema de la fotografía y el realismo, y como reaccionaba la sensibilidad modernista ante la nueva técnica, dentro de la estética pre-industrial.

Actualmente, en la era post-moderna, hay escritores que incorporan la fotografia como parte del discurso narrativo y la colocan como protagonista de la escena. Es el caso del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, a quien entrevisté recientemente y en cuyas novelas la fotografía es trama y texto, parte del tópico social y literario.

También, recuerdo mi charla con Julio Cortázar y su cuento "Las babas del Diablo", que Antonioni llevó al cine con el título de "Blow up". Cortázar no era fotógrafo pero le gustaba la fotografía y no dejó de percibir el fenómeno de la mirada, la aproximación y la distancia, algo nuevo en los '60 y muy común hoy con la computación. Su colaboración con Sara Facio y Alicia D'Amico en la realización de "Buenos Aires, Buenos Aires" y de "Humanario" así lo prueban.

Recuerdo mis pláticas con el escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo. Rulfo me hablaba de la fotografía como un símil del cuento, relacionaba foto y cuento, por la instantaneidad implicada, por la fuerza de la mirada y la fuerza de lo puntual. Sin embargo, para Rulfo eran lenguajes diferentes, aunque podían llegar a ser complementarios. Él, como autor, cultivó la fotografía mientras se desplazaba por México haciendo el corretaje de neumáticos, generando así una colección de imágenes de gran valor que, incluso, se expusieron en la FotoGalería del Teatro San Martín.

Creo que hay muchas aristas o facetas dentro del tema: Por una parte la preocupación intelectual o teórica del fenómeno técnico-artístico; otra la posibilidad de incorporar la fotografia al corpus narrativo como parte del sistema global de comunicación; otra la mera ilustración del texto por la foto; otra el factor de una tercera Mirada dentro del discurso narrativo, o escribir como si se estuviera fotografiando y otra, es la relación imagen-texto, como signos interactuantes, tanto imagen como foto son signos ambivalente y válidos: palabras igual a foto, son constitutivos e intercambiables.

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Gerardo Piña Rosales es escritor y fotógrafo, profesor de Literatura y Lenguas en el Lehman College de Nueva York, Miembro de Número y Presidente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, ha investigado el tema y publicado las Fotogrerias, siendo uno de los investigadores en lengua hispana de esta interactuación entre literatura y fotografía, la sustitución del parágrafo literario por la imagen. La interactuación texto-imagen como códigos de comunicación alternantes.

Lo entrevistamos en Nueva York y nos comenta:

GPR: Creo que el tema es apasionante y hay mucho para investigar y realizar. Me siento especialmente bien por participar de las dos disciplinas: literatura y fotografía, eso da una mayor perspectiva.

Comencé muy joven con la fotografía, cuando mi padre me regaló una cámara alemana. Yo, en verdad, hacia fotos aun cuando no llevaba cámara, veía la realidad de manera fotográfica.

Aunque seguí mi carrera de Letras, la fotografía siempre estuvo conmigo. En Estados Unidos, en 1973, volví a la fotografia de una manera más seria y profesional. Con una cámara Konica y dominando la técnica, empecé a salir y tomar fotos, diversas imágenes, trabajando de forma manual, porque prefiero el control de la cámara.

AB: ¿Cuándo es el momento donde fotografía y literatura aparecen en tus cuentos?

GPR: Cuando quiero que la foto dialogue con el texto y la incorporo a los cuentos y a Fotogrerías.

Ese diálogo puede ser de muchos tipos, apacible o intempestivo. En algunos de mis cuentos, la fotografia es parte del texto, la foto, no es ilustración, si sacas la foto no es lo mismo el cuento. O sea es parte del texto.

Por ejemplo en el cuento tengo que describir una casa, la casa la veo y la fotografío y la pongo en el texto, entonces no la describo, introduzco la fotografia, la imagen está dentro del texto como parte esencial.

AB: Creas una relación entre texto e imagen, entre lo literario y lo visual pero co-actuando.

GPR: Esa es la idea, unir palabra con imagen dentro del hilo narrativo. La foto tiene la fuerza de un parágrafo descriptivo.

A la hora de la publicación se plantean problemas técnicos porque las fotografía exige una calidad especial. La fotografía dentro del texto tiene un valor en si misma. Por otro lado trato de no coartar la imaginación del lector. Son fotografías abiertas.

Llamé "Fotogrerías" en alusión a las gregerias de Gómez de la Serna, no sólo incorporo el humor, también lo macabro. Gómez de la Serna gustaba de las muñecas y las incluyo. Hay una foto famosa de Gómez de la Serna tomando nota en un reportaje, a una muñeca.

AB: ¿Hay una influencia mutua entre literatura y fotografia?

GPR: Si, hay influencias, en el arte es más evidente. Hay escritores que conocen y gustan más del arte y han querido llevar el arte a sus narraciones. Azorín "ve" y narra de manera pictórica. Esa relación del escritor y la pintura se llama Ekfrasis, término griego que es parte de la Descriptio. Ekfrasis es la plasmación de un motivo icónico. Es cuando el escritor trata de dialogar con el cuadro en su propia narración. O sea el arte se entreteje en la ficción.

AB: Esto también sucede con el cine y la literatura, cuentos que se conciben como guiones cinematográficos, recordemos a Manuel Puig y algunos cuentos de Borges.

GPR: Y eso también sucede con la literatura y la foto. Hay textos que vienen de fotografías canónicas. Fotografías de los años '30 o '40, de fotógrafos como Dorothea Lange, o de fotos famosas, de Tina Modotti, de Edward Weston. Yo tomo esas fotos y hago referencia en mi texto y el lector reconoce la imagen a la que se alude. Pero esto es distinto a mis cuentos, donde palabra e imagen discurren, son parte de la narración. Literatura y fotografia desarrollan el texto. Esto es algo en exploración y con la digitalización el panorama se abre aun mas, todo está por ser explorado y la fotografía es parte de ese gran banquete visual, creativo y abierto.

Fotomundo 506 (Febrero 2011)

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