
Dos bienales transcurrieron simultáneamente aunque constantemente se veían fusionadas. Una, en el escenario del Centro Cultural Virla donde se realizaban las conferencias, en las alocuciones de las inauguraciones, en la apertura y los agradecimientos. Otra, en los pasillos, en los peregrinajes de un lugar a otro, en las cenas y encuentros por la noche, en los bares y boliches por la madrugada.

En verdad, la gente no sólo hablaba de la bienal “informal” en los eventos que sucedían en la primera sino que la inversa también pasaba. No sorprendía Tony Valdez al presentar un panel haciendo referencia a lo que se había conversado en el almuerzo inmediatamente anterior. Todo estaba amalgamado en una suerte de marea colectiva donde la alegría de compartir lo que todos tenían en común era lo más importante. Si hay que definir a la bienal en un signo, ese debe ser el de la equivalencia. Fotógrafos consagrados como Dani Yako, Juan Travnik o Francisco Mata Rosas discutiendo con seriedad y sensato interés con jóvenes que recién empiezan a llamarse fotógrafos. Esa experiencia de equivalencia no es igualdad, porque la diferencia está en relieve pero no altera la posibilidad del intercambio. Es el espíritu de la bienal.
La inauguración no podía realizarse en un lugar más emblemático. La Casa Histórica, en los patios traseros más precisamente. Fueron tablas de una representación de la Independencia que fue sucedida por las palabras de Julio Pantoja, el director de la bienal, y un merecido homenaje a Sara Facio por su trayectoria en la fotografía.

Uno de los eventos que se dieron en el marco de la bienal se destaca el Primer Encuentro Nacional de Cátedras Universitarias de fotografía coordinado por Elizabeth Martínez de Aguirre (U. N. de Rosario), en el que varios docentes del país presentaron sus problemáticas en relación con su práctica y acordaron formar una red para mantenerse en contacto e intercambiar material sobre el tema.
La tradicional revisión de portfolios tuvo a veintitrés revisores de todos los puntos cardinales del globo observando los trabajos de casi cuarenta fotógrafos jóvenes. Apuntaron que el nivel de las fotografías presentadas fue excelente y distinguieron a Myriam Meloni por su trabajo “Frágil” sobre las víctimas del paco, quien tendrá una muestra individual en la próxima bienal.
Seguramente una de los trabajos más esperados y celebrados del encuentro fue “Foto de Escritor” de Sara Facio con retratos que tomó durante varios años de trabajo y que en muchos casos se convirtieron en los emblemas de cada uno de los retratados, como suele suceder con tantas de sus fotos. En el mismo espacio, el Centro Cultural Virla, estaban expuestas “San Darío del Anden” -sobre el legado de Darío Santillán de Sub - Cooperativa de fotógrafos-, “Independencias” -muestra colectiva curada por Julio Pantoja-, “Daguerromiserias”, de Martín Acosta, y “Si no conoces Tepito, no conoces México” de Francisco Mata Rosas.
Una tradición de esta bienal yace en que las exposiciones son inauguradas con la presencia del artista o artistas, Julio Pantoja y el montajista encargado de cada muestra. En efecto, es este último el que la presenta en nombre de la organización y narra el proceso de realización. Cabe aclarar que el equipo de organización está compuesto por aproximadamente cuarenta voluntarios que no superan los 25 años.
Juan Travnik expuso su celebrado y extenso trabajo “Malvinas: retratos y paisajes de guerra” junto a la muestra ”XXI Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino” de ARGRA.
En el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán, Dani Yako expuso “Un viaje” (inevitablemente introspectivo) a Alemania, más precisamente el pueblo polaco Telaki donde vivía su abuela paterna, próximo al campo de concentración en que fueron masacrados sus familiares. Allí también, Steve Cagan mostró su trabajo “El Chocó, Colombia” sobre la vida húmeda y desafortunada de los habitantes del pueblo El chocó. Sebastián Salguero expuso “Lo gitano” elaborado durante varios años en la festividades de esa colectividad, autor seleccionado de la revisión de portfolios en la edición anterior.
Mención aparte merece “Ancla2”, coordinado por Rafael Lacau y José Manuel Romero. Trabajaron con el Centro de Trabajo Popular Mate Cocido, ubicado en un barrio periférico de San Miguel de Tucumán, donde armaron un taller de fotografía digital y de periodismo comunitario con los chicos del barrio. Los resultados fueron mostrados en la última jornada con una presentación impactante: los mismos niños cargaban sus fotos en carteles “sandwich” y una murga desfilaba detrás. Junto a esta presentación, Santiago Scavinato expuso los notables trabajos del taller “La otra mirada” para adolescentes y jóvenes con capacidades especiales.

Según sus participantes, el taller “Tomar la calle” dictado por Francisco Mata Rosas fue un acontecimiento memorable. Las fotografías tomadas fueron cargadas por sus propios fotógrafos colgadas de una soga interminable que recorrió Tucumán y culminó justo para la inauguración de la Bienal.

Juan Travnik dio su taller “El retrato fotográfico” durante tres días y con una convocatoria record.
Vale la pena detenerse en las conferencias y charlas, coordinadas en su mayoría por Tony Valdéz. En el mismo registro que reinó el transcurrir de la Bienal, no pasó demasiado tiempo para que quede desarticulada la modalidad de expositor / oyentes para pasar al dominio de una suerte de conversación. El escenario se convirtió en una excusa donde lo que había era una gran entrevista, cuando no un diálogo. En “Los colectivos fotográficos”, los Sub- cooperativa de fotógrafos Gisela Volá y Nicolás Pousthomis conversaron con Jorge Olmos Sgrosso, de Ojos testigos acerca de las modalidades de trabajo colectivo y presentaron dos audiovisuales con proyectos realizados recientemente.
Dani Yako, de Clarín, Pedro Valtierra de Cuarto Oscuro (México) y Oscar Ferronato de la Gaceta de Tucumán, expusieron diferentes perspectivas sobre el lugar del fotodocumentalismo en los diarios y sus fronteras con el fotoperiodismo. Para el caso, Dani Yako concluyó: “sólo un 5% de los reportajes que producimos son documentales puros”, lo que suscita sendas consideraciones acerca de lo que se podría llamar el “documental puro”.
Francisco Mata Rosas sedujo a la jóvenes presentes con un texto, casi un manifiesto, donde expuso las ideas que conforman el marco de su fotografía y que sirven de base para el ensayo que exponía.
Ezequiel Torres y Alejandro Belvedere presentaron la posición de ARGRA acerca de los derechos de autor en la fotografía y la propuesta de modificación de la ley que lo rige. Entre las cosas que la bienal hizo posibles fue el hecho de que se encontraba como oyente Dani Yako, editor jefe del diario Clarín, quien no se privó de hacer algunas consideraciones sobre el tema.
Silvia Mangialardi (de Fotomundo y directora artística de los Encuentros) y Geovany Villegas (Fotodocumental, Ecuador) explicaron la evolución de los festivales de fotografía en el mundo, el continente y nuestro país.

Tony Valdez y Julieta Escardó reprodujeron los clips seleccionados de la convocatoria multimedia de ensayos fotográficos y destacaron “el nivel en la incorporación del lenguaje multimedia que se notó en relación a la edición anterior”.
Juan Travnik y Alfredo Srur mantuvieron un “Diálogo de Generaciones” y el cierre del ciclo de charlas fue a través de una propuesta innovadora presentada por Julio Pantoja: se ubicaron ocho sillas alrededor de una mesa en el escenario y se dispuso que se suba quien quiera del auditorio. La consigna fue los limites del fotodocumentalismo y el resultado, un éxito.
Fotomundo 504 (Diciembre 2010)