Adriana Bianco
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2007 pareciera ser el año de este destacado artista canadiense: su obra se viene exponiendo en los principales museos de arte de Nueva York, Chicago y San Francisco. Nacido en Vancouver, donde reside y trabaja, fue ganador del Premio Hasselblad en 2002. Se trata de su mayor retrospectiva y ha sido organizada por los Museos de Arte Moderno de Nueva York y de San Francisco.

El Conceptualismo es un movimiento artístico surgido hacia fines de los años 60, que parte de la “idea” o “concepto” de producir un desplazamiento de la visión óptica por “la imagen de esa idea”, con la variedad de datos e información que la misma implica. De allí que muchas obras concebidas en ese período incluyeran materiales informativos, mapas, cuadros sinópticos, videos, textos muchas veces escritos por los mismos artistas, documentos y hasta la incursión corporal y física de una instalación.

La fotografía formaba parte del código y la decodificación, y se intrincó en el conceptualismo de forma natural, siendo Jeff Wall uno de sus principales exponentes. En Argentina, el recordado Instituto Di Tella fue un centro de estas actividades artísticas innovadoras, que incorporó el conceptualismo al panorama plástico del país.

Mientras los artistas se lanzaban a un campo de exploración lleno de desafíos y audacias, la fotografía también padecía cambios tecnológicos que le permitieron incorporarse al arte de una manera novedosa y pujante.

Artistas como Jeff Wall (Vancouver, Canadá, 1946), recuerdan el impacto que el conceptualismo le produjo y lo que significaron las nuevas tecnologías fotográficas, como las transparencias de gran tamaño a color. A partir de entonces Wall se inclinó al arte contemporáneo y se alineó en las nuevas tecnologías, incluyendo el cine.

Sin duda, el cine ofrecía especial interés a los jóvenes. La Nouvelle Vague francesa sorprendía al mundo con directores como Françoise Truffaut, Jean Luc Godard, Alain Resnais, con una estética que imponía nuevos conceptos en la edición y composición fílmica, los “jump cuts”, “raccontos” y alteraciones temporales creaban un nuevo discurso fílmico, que Wall supo asimilar en sus obras.

La exposición de Jeff Wall, organizada por el MOMA y el Museo de Arte Moderno de San Francisco, es la más relevante de un artista-fotógrafo conceptual y la mayor retrospectiva de su carrera, integrada por 40 transparencias a color, de gran tamaño, que muestran la evolución de su lenguaje visual.

Wall se inicia estudiando historia del Arte en la Universidad de British Columbia, se recibe en 1970 pero desde antes, ya en la década de los 60, se había vinculado a grupos artísticos conceptualistas y minimalistas. Continúa sus estudios en Londres donde se dedica a la realización cinematográfica. En 1976, es nombrado Profesor de Arte e Historia en la Universidad Simon Frazer y paralelamente desarrolla su carrera de fotógrafo.

En los 80, se inspira en los incidentes callejeros, girando su mirada a lo cotidiano con actores improvisados y con una cámara de gran formato adecuada para transparencias, que registran detalles que permiten “estar pintando la vida moderna”, según palabras del artista.

Durante los años 90 se dispara hacia varias direcciones, explorando las tecnologías digitales y nuevos temas y montajes.

En el 2000, Wall comienza a trabajar con paralelismos históricos, técnicas monocromáticas, o exacerba lo conceptual crítico en su obra “In front of a nightclub” (2006).

Su obra invierte la fotografía con la técnica fílmica, proyecta descripciones concisas jugando con la relación ficción-realidad. Pintura y cine conviven en la captación fotográfica, como pasado y presente, el artista se mueve en ejes diacrónicos y sincrónicos, con un sentido más intelectual que emocional.

Sus transparencias de gran tamaño (aproximadamente dos por dos metros) nos dejan, al recorrerlas, un halo de incertidumbre y extraña sensación, donde nos reconocemos y nos rechazamos en un doble juego como contemporáneos y como actores de una modernidad que no podemos cambiar.

Cabe destacar, por último, que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), totalmente renovado, es uno de los más importantes de arte contemporáneo del mundo y desde su inicio su política estética incluyó la fotografía, creando un archivo de patrimonio y manteniendo una colección fotográfica permanente. En sus salas se presentó en 1938 la primera muestra individual de un autor, con la obra del celebrado Walker Evans.

Actualmente, el espacio dedicado a la fotografía es parte integral de la filosofía del MOMA.

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