
La voz, nasal, con la modulación característica de una transmisión por las frecuencias de radioaficionados, decía: “Houston, Tranquility Base here. The Eagle has landed” (Houston, aquí Base Tranquilidad. El Aguila ha aterrizado”). Aún no se había imaginado el término “alunizaje”, que quedaría para las misiones posteriores.
Era la culminación de un desafío lanzado el 25 de mayo de 1961 por el presidente John F. Kennedy ante el Congreso de los Estados Unidos: “Yo creo que esta Nación debe comprometerse a sí misma para lograr la meta, antes de que finalice la década, de llevar un hombre sobre la Luna y regresarlo sin riesgo a la Tierra...” en un momento que la Unión Soviética le llevaba la delantera a los estadounidenses. El proyecto Apollo estaba siendo analizado y revisado profundamente con el convencimiento de que era factible.

El viaje a la Luna significaba un gran esfuerzo económico y logístico, pero por sobre todo requería de una notable capacidad tecnológica y científica. La NASA también comprendía con una claridad meridiana que la fotografía habría de desempeñar un papel fundamental, junto a la televisión, en dos direcciones: una como medio de documentación de las diversas experiencias y ensayos que habrían de realizar los astronautas tanto en el vuelo como en su caminata lunar y, también, la importancia de las imágenes para promocionar sus proyectos e influir en la opinión pública estadounidense.
Las fotografías obtenidas por John Glenn de su vuelo orbital en 1962 así lo demostrarían, tanto como la primera transmisión directa de TV realizada desde la Apollo 8 mostrando al planeta Tierra desde el espacio exterior.

Los requerimientos respecto a cámaras y películas excedían ampliamente lo que se puede necesitar sobre la Tierra por varias razones: la falta de gravedad y de presión atmosférica, sumado a las temperaturas extremas, hacían que el equipo tuviese que disponer de un diseño específico.
Walter M. Schirra, que había sido aceptado como integrante del selecto grupo de astronautas en los proyectos iniciales de la NASA, era también un entusiasta aficionado a la fotografía. Utilizaba una Hasselblad 500 C, modelo que había sido lanzado al mercado en 1957. Fue él quien convenció a los técnicos de la NASA que esa era la cámara más adecuada, en un momento que varias marcas pugnaban por ser aceptadas para participar de los proyectos espaciales.
En el vuelo que realizó en 1962 en el Mercury 8, Schirra utilizó una 500 C standard. Las fotografías que obtuvo en las seis órbitas alrededor de la Tierra terminaron por convencer a la NASA de que era la cámara adecuada. Schirra habría de participar posteriormente en los vuelos del Gemini VI y de Apollo 7, acumulando 295 horas en el espacio.

El 20 de julio de 1969 a las 4:17 pm hora del Este, después de seis horas de que el módulo Eagle (Aguila) se hubiera posado sobre la Luna, en el Mar de la Tranquilidad, el comandante del Apollo 11, Neil Armstrong inició su histórica caminata y pudo fotografiar la primera huella humana en la Luna. Dijo entonces: “one small step for (a) man, one giant leap for mankind” (Un paso pequeño para [un] hombre, un salto gigante para la humanidad”).
Era seguido por Edwin Aldrin, a quien fotografió cuando descendía del módulo. Mientras tanto, Michael Collins permanecía en órbita alrededor de la Luna a bordo del módulo de comando.
Ambos astronautas estuvieron 21 horas en la Luna, recogiendo muestras de piedras e instalando sensores y otros instrumentos científicos, además de plantar simbólicamente la bandera de los Estados Unidos. Al día siguiente iniciaron el regreso tras abordar nuevamente la Apollo 11, para descender suavemente en el Pacífico el 24 de julio.
Armstrong fue además del comandante, el fotógrafo de aquella misión y, por esa razón, la única imagen donde aparece caminando en la Luna es en la foto que el mismo tomó de Edwin Aldrin y donde se refleja en el visor de su casco.

A causa de restricciones de peso, las cámaras nunca regresaron a la Tierra y aún permanecen en la Luna. La NASA lo había planificado de esa forma debido a que cada gramo era sustancial para limitar el consumo de energía necesaria en el despegue del Eagle. Los astronautas traerían de regreso únicamente los chasis con la película expuesta, Kodachrome y Tri-X de 70 mm. Esto sucedió en todos los viajes realizados a la Luna. Eugene Cernan y Harrison Schmitt, los dos últimos astronautas que visitaron la Luna en diciembre de 1972, también dejaron sus Hasselblad en el asiento trasero del Rover que aun permanece estacionado en el área de alunizaje en las montañas de Taurus Littrow.
Hay en total 13 cámaras Hasselblad en la Luna, a menos que algún visitante extraterrestre haya decidido recogerlas como souvenir.
Las tres cámaras utilizadas en aquella histórica misión —y en las siguientes seis misiones Apollo— fueron dos Hasseblad 500EL con el mismo diseño de las empleadas en los vuelos de Apolo 8, 9 y 10, cada una con dos magazines extras y objetivos Zeiss Planar f-2.8/80 mm y un Zeiss Sonnar f-5.6/250 mm y, la tercera, una 500 EL Data Camera con objetivo Zeiss Biogon f5,6/60 mm diseñado especialmente para la NASA y un filtro polarizador. Esta es la que utilizó el comandante Armstrong en la superficie lunar. Estaba equipada con una placa Reseau, consistente en una placa de vidrio antepuesta al plano de la película que tiene marcadas cruces de registro cada 10 mm con una tolerancia de 0,002 mm que permiten calcular distancias angulares.
Básicamente, los cambios realizados en las cámaras fueron varios: sustitución del lubricante de todos los mecanismos que en condiciones de vacío se evaporaría, mientras que los materiales potencialmente peligrosos como piezas de plástico, goma, pintura, etc. tuvieron que responder a las normas de la NASA.
El sistema eléctrico también fue modificado para que bajo ninguna circunstancia pudiera provocar un arco voltaico, por insignificante que éste fuese. Una chispa en la atmósfera saturada de oxígeno de la cápsula hubiera sido fatal. Y en lo que hace a su aspecto exterior, se la aisló de tal manera que soportase los cambios bruscos de +120° C a -180° C que pueden producirse en la Luna, además de tener que permitir su operación con los gruesos guantes del traje lunar.
Un detalle curioso fue que el comandante Armstrong llevó por cábala escondido dentro de su traje de astronauta un banderín del Club Atlético Independiente. Le había sido obsequiado por Héctor Rodríguez, a la sazón secretario de cultura de los “rojos” de Avellaneda, cuando la institución organizó una exposición en torno a la expedición a la Luna, declarando socios honorarios a Armstrong, Collins y Aldrin.
Bart Sibrel, padre de los apoloescépticos que niegan los viajes a la Luna, saltó a la fama el 2 de septiembre de 2002 cuando acosó y le exigió a Edwind Aldrin que jurara sobre una Biblia que había estado en la Luna. Como el astronauta, por entonces de 72 años no le respondiera, le dijo: “You’re a coward, and a liar, and a...” (“Eres un cobarde, un mentiroso y un...”). La frase quedó inconclusa: un cross en plena mandíbula lo quitó del camino.
Sibrel, periodista y cineasta, había iniciado su campaña de desprestigio de los viajes al satélite de la Tierra a través de un programa de la Fox, “Teoría de la conspiración: ¿Acaso aterrizamos en la Luna?” (Conspiracy Theory: Did We Land on the Moon?). Ha realizado varios cortos cinematográficos y escrito sobre el tema, siendo seguido en sus falsificaciones por charlatanes de todo el globo, mientras la comunidad científica lo considera un falsario.
Uno de sus argumentos es que la bandera de los Estados Unidos, sobre la Luna, está flameando a causa del viento existente en el estudio de cine donde supone que se hizo la puesta en escena, cuando en realidad vibra en una atmósfera carente de aire al ser clavada, pero luego permanence inmóvil.